La historia del olimpismo tiene en 1992 su único recuerdo del hockey sobre patines. El 7 de agosto de ese año, España y Argentina disputaron la final de esas olimpiadas en el Palau Blaugrana, que se vistió de gala para lo que tenía que ser la primera de muchas finales olímpicas.
Como anfitriona, la selección dirigida por aquel entonces por Carles Trullols partía como favorita después de haber ganado en todos los partidos de las fases previas. Delante tenía un combinado argentino lleno de grandes nombres pero que había realizado un torneo irregular aunque en progresión, en el que casi queda eliminado de la primera fase.
“La final la recuerdo con tristeza, en un Palau lleno de gente y de autoridades. Perdimos ante una gran Argentina, en las fotos de la entrega de medallas se nos ve con cara triste, aunque ahora valoras que una plata olímpica es algo grande” recuerda Ramón Peralta. Antoni Rovira coincide con el que fue su compañero, y añade que “en los minutos de la remontada el público fue increíble, nos llevó con alas, patinábamos solos, y deberíamos haber aprovechado ese momento ara sentenciar”.
Y es que la final, a pesar de la derrota, pasó a la historia por su espectacularidad, con catorce goles. Gaby Cairo, uno de los integrantes de esa selección Argentina, repasa como se desarrolló esa final: “Fue un partido loco, España empezó fuerte y nosotros empatamos rápido, entonces jugamos mejor que ellos y nos pusimos 3-5, pero entonces llegó su minuto fantástico y empataron. Una vez en la prórroga estuvo muy abierto, pero ellos tenían más presión y nosotros jugamos muy bien, el mejor de ese partido fue el Negro Páez”.
Al final, 6-8 en una puesta en escena magnífica que no sirvió para consolidar el hockey sobre patines en el olimpismo, tal y como subraya Cairo: “Dimos un espectáculo grandísimo como para que hubiera tenido continuidad en los Juegos”. Tal vez Cairo reivindique esa posible continuidad dado que la Confederación Argentina no permitió que sus jugadores disfrutaran de los Juegos como tal. “Para mi fue un Mundial más, está claro que no entendieron a lo que íbamos, no pisamos la Vila Olímpica, y en la ceremonia inaugural no estuvimos porqué el día siguiente teníamos partido”, evoca con indignación.
Diferente fue el caso español, que durmió el día anterior a la inauguración en la Vila Olímpica y participó en el desfile de inauguración. “Es el recuerdo que me llevo, la sensación de estar en el túnel, oír toda la gente y luego salir y notar que formas parte de los juegos”, recuerda Antoni Rovira.
Santi Carda tuvo el privilegio de encender el pebetero de la subsede de Sant Sadurní, algo que le marcó muchísimo. Aún guarda la antorcha olímpica. “Salir de casa y ver que tu ciudad es olímpica, que conoces a todo el mundo, eso fue muy bonito”, explica Carda, que también valora los juegos como la mayor experiencia deportiva. “He tenido la suerte de ser deportista de élite, y de todos los títulos que he ganado, más allá de las Copas de Europa o otros títulos, siempre destaca mi medalla olímpica, es lo máximo a lo que puede aspirar un deportista”.
Después de 20 años, el hockey sobre patines no ha vuelto a ser olímpico, y esa cita de Barcelona es un pequeño oasis entre Mundiales y Europeos, aunque no hay duda que el hockey sobre patines estuvo a la altura de los Juegos de Barcelona.







